EL GUITARRISTA DE EL PANTEÓN ESPAÑITA 

Conocido como Alex el guitarrista del panteón Españita en San Luis Potosí, es visitado por personas para pedir favores sobre todo relacionados con la música.

Aunque su muerte no tiene más de 10 años, sus familiares aún viven y su historia es trágica, lo que llama la atención es que Alex el guitarrista está presente en la vida de los vivos quien ha sido sepultado junto con su abuela.

La tumba llama la atención por tener una guitarra eléctrica de color negra y el nombre de “Alex” además de algunas ofrendas como cigarros y botellas de cerveza de acuerdo con trabajadores del lugar es una de las tumbas más visitadas del cementerio sobre todo por personas jóvenes que al parecer se toman una cerveza con él y le piden algún favor.

También personas grandes quienes se creen son sus familiares a menudo lo visitan. Según han escuchado el músico logra conceder favores a todo aquel que se le acerca y se lo pide, sobre todo si se trata de algún encargo relacionado con la música. Por las noches frías algunos vecinos han señalado que al pasar por las puertas del panteón se escucha a lo lejos unos acordes de guitarra que se pierden con el viento.

Alex parece ser una de las almas benefactoras de dicho panteón el cual además ayuda a defender el lugar de los malos espíritus, pues según la tradición oral antes el lugar era visitado por brujas que recorrían todo el rio Españita en forma de bolas de fuego y hacían sus aquelarres en el cementerio, sea cual sea la verdad de todo esto una cosa es cierta Alex el guitarrista es una de las historias y leyendas de San Luis Potosí menos conocidas, pero que con el tiempo han tomado fuerza y es prueba de que la cultura en la entidad se mantiene con nuevas historias a pesar de la abrumadora modernidad.

LEYENDA POLETH VIRIDIANA

 

 

 

 

 

 

Poleth Viridiana, la mensajera de los olvidados (panteón del Saucito S. L. P.)

Una historia real y actual del Cementerio del Saucito en San Luis Potosí, México.

La maestra de primaria llegó a clase con los ojos brillantes de lágrimas. Los niños se preguntaban qué era lo que le pasaba, pues no se veía triste. Algo como una sonrisa se dibujaba en sus labios. Ella no pudo guardarse la experiencia que acababa de tener, y decidió compartirla con los niños. Esto fue lo que les contó:

"Tuve un sueño, como tantos sueños raros o divertidos, extraños o atemorizantes. Un sueño más, eso pensé al principio. Era una niña que me hablaba, y me decía que fuera yo a visitar a mi padre, que lo tenía muy olvidado.

"Aquello no me hizo impresión, era un sueño, después de todo. Pero igual decidí ir a visitar a papá, era cierto que hacía mucho tiempo no limpiaba su tumba ni ponía en ella un ramo de flores.

"Mi padre descansa en el cementerio más antiguo de la ciudad de San Luis Potosí, el Panteón del Saucito. Lamento decir que la suya es una más de tantas tumbas que yacen olvidadas, sin un familiar o un amigo que se ocupe de deshierbarlas, de limpiarlas, de demostrar un poco de cariño por quién bajo esa lápida reposa.

"Así, a la mañana siguiente, me dispuse a visitar a papá. Me ocupé de su sepultura y hablé con él por un rato, le dejé unas flores, una oración, me despedí y me dirigí hacia la salida.

Cuando caminaba sobre la Avenida Principal donde se encuentran las tumbas más antiguas y hermosas del cementerio, me llamó la atención una, bastante reciente, no era una tumba convencional y parecía un poco fuera de lugar. Cuando me acerqué, no resistí la tentación de mirar a través de las pequeñas ventanas, aquello era una casa de muñecas, limpia y arreglada, a la puerta, jarrones de flores frescas y dos pequeños arbolitos hacían guardia.

En el interior, dispuestos con primor, angelitos de diferentes formas y estilos, muñecas y peluches, y al fondo... Sentí que mis pies perdían el piso, al fondo, en una fotografía, estaba ella, la niña que soñé, y quien me había entregado el mensaje de mi padre...

Después de todo no había sido un sueño más. No pude reprimir el llanto, no sé si lloraba de tristeza, de remordimiento, de alegría o de agradecimiento, no sé, pero no podía parar de llorar y de sonreír al mismo tiempo.

Como pude regresé a mi casa, después de fijarme bien en el nombre de la pequeña mensajera, Poleth Viridiana, para contarlo a todo el que quiera escucharme, para decirles que nuestros muertos necesitan que les recordemos, que los visitemos y que oremos por ellos, para decirles que yo lo sé porque Poleth me lo dijo..."

La clase estaba en silencio. Las lágrimas brillaban ahora también en los ojos de los niños, en cuyas mentes trataba de tomar forma la tumba del abuelo, o de aquella querida tía a la que no habían vuelto a visitar, y en cuyos corazones recién nacía el deseo de volver a acariciar aquella lápida, y hablar frente a ella como lo hacían en vida de ese ser querido.

Una pequeña alzó tímidamente su mano. Al indicarle la maestra que podía hablar, sólo dijo: “Maestra, yo la conocía, Poleth era mi prima..."

LEYENDA JUAN DEL JARRO

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Era un pordiosero del que se decía odiaba el baño, el mes de julio y las riquezas. Juan tenía dos características que lo diferenciaban de cualquier pordiosero. La primera es que era un hombre piadoso que repartía sus ganancias diarias con otros menesterosos.

La otra característica que hacía especial a Juan era su afección por los dichos y las frases llenas de sentido común. La fama de Juan del Jarro se solidificó con los años: era un loco iluminado, era un listo muy loco, lo cierto es que era amigo de todos y aceptaba convites a mesas suntuosas igual que a cocinas humildes. Juan se daba a querer. Se cuenta que una señorita de casa decente quiso hacer mofa de Juan cuando lo vio pasar por la plaza central.

La dama en cuestión estaba convencida de que Juan del Jarro no era más que un charlatán que embaucaba incrédulos para enriquecerse. Al verlo pasar le dijo: "Dime, adivinador, ¿cómo se llamará el que ha de ser mi esposo?" "Te casarás, pero no con el padre del niño que llevas en el vientre" –contestó el pordiosero. Poco después la señorita decente abandonó la ciudad porque la familia descubrió que Juan tenía razón.

La leyenda creció, se decía que Juan podía saber el futuro porque lo escuchaba en su jarro de terracota. El día que Juan murió, San Luis Potosí rindió un homenaje fastuoso al más pobre de sus ilustres. Por un día se olvidaron las clases. Se cantó, se deseó descanso eterno a don Juan, sobre todo se reconoció que la generosidad no tiene clase.

LEYENDA EL CALLEJON DE LAS MANITAS

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Era el año 1780 cuando llegó a la ciudad de San Luis Potosí un sacerdote que atraído por el benigno clima y por la hospitalidad de la gente decidió quedarse a vivir allí. Para el clérigo resulto fácil encontrar trabajo como profesor en uno de los mejores colegios de aquel entonces.

Un día después de regresar de uno de sus viajes de peregrinaje por los pueblos vecinos fue cruelmente asesinado por los dos mozos que lo acompañaban. Al regresar a su casa el sacerdote fatigado por la jornada decidió irse a descansar temprano mientras los mozos se encargaban de los caballos y las mulas.

Según la versión de los mozos, ellos terminaron sus labores y salieron para sus casas pero como ya era muy tarde decidieron regresar y al llegar de nuevo a casa del sacerdote se encontraron con el terrible escenario del padre asesinado y todo ensangrentado.

Luego de intensos interrogatorios por parte de las autoridades a los dos incriminados, estos confesaron su crimen e indicaron el lugar donde habían ocultado el dinero que habían robado al sacerdote y el arma con el que lo habían asesinado.

Pero ellos aseguraban que no había sido el robo el móvil del crimen, sino vengarse por el mal trato que les daba el sacerdote. Aun así, fueron sentenciados a muerte y una vez ejecutados se les cortaran las manos a los cuerpos para que fueran exhibidas como escarmiento para el resto de la población. Las manos de los criminales se colgaron del muro exterior de la sombría casa del callejón solitario y triste donde vivía el sacerdote asesinado. Desde entonces se le llamó el Callejón de las Manitas. Cuando la gente tenía que pasar por este callejón empezaba a rezar y no cesaba de hacerlo hasta que salía de él.

Aun después de retirar las manos del callejón con cierta frecuencia de manera sobrenatural estas volvían a aparecer y a pesar de que con el paso del tiempo todo el entorno fue trasformado, se dice que en ocasiones se pueden ver las manitos flotando en el aire y un sacerdote que desaparece pasando la calle donde quedaba el Callejón de las Manitas.

LEYENDA DE LA LOCA ZULLEY

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Su nombre era Claudia, hija de una acomodada familia y la segunda de tres hijos, sobreviviéndole solo su madre y hermana menor pues cuando ella era niña su padre y hermano mayor murieron.

Cuando fue jovencita, se caracterizaba por ser una muchachita muy risueña y alegre, ataviada siempre de vestidos elegantes que resaltaban su belleza.  Fue entonces cuando conoció a Rodolfo su primer y único amor.

El noviazgo entre Claudia y Rodolfo fue duradero y la relación se mantuvo por el paso de los años terminando por prometerse amor eterno que se consumaría con los votos matrimoniales.

El día que Rodolfo le propuso matrimonio, le entregaría a Claudia un anillo de oro blanco engarzado con una acerina negra, el cual le habría pertenecido a su abuela y regalado a él por su madre. Rodolfo le pidió a Claudia que le prometiera amarlo por siempre pasara lo que pasara, promesa que Claudia juro cumplir.

Se llegaba el día de la boda, la cual se realizaría en el templo de San Miguelito por ser Claudia originaria de ese barrio, sin embargo el novio nunca llegó. Los invitados estaban desconcertados y Claudia intentaba aferrarse a la idea de que su Rodolfo llegaría y la desposaría.

Algunos rumoreaban que Rodolfo habría huido de su compromiso, otros que habría muerto, pero como no era originario de los rumbos en los que vivía Claudia, nunca se supo que pasó con él.

Claudia no perdió en ningún momento la esperanza de que su amado llegaría por ella y continuamente le decía a la gente que no podía ir a tal o cual lugar porque si no Rodolfo no la encontraría.

Su familia se llenó de una enorme tristeza cuando se dio cuenta que Claudia había perdido la cordura, ya no vivía en este mundo y parecía quedar atrapada de por vida en el día de su boda.

A menudo se ponía su traje de novia e iba al Jardín de San Miguelito o la Plaza de Armas a sentarse en una banca y esperar a que llegue su amado. En muchas ocasiones cuando veía a un joven parecido a Rodolfo le gritaba “¡Rodolfo porque tardaste tanto en venir por mí, estoy lista para que nos casemos!”. Muchos hombres por compasión le seguían la corriente y la cuidaban temporalmente, otros más crueles se aprovechaban de ella, pero Claudia nunca se quedaba mucho tiempo con ellos.

Debido a que su apellido era Zulley, la gente comenzó a llamarla la Loca Zulley, quien a veces solo se posaba triste entre las plazas y jardines de San Luis Potosí y otras persiguiendo muchachos mientras les gritaba “Rodolfo ven”. Siempre lucia el anillo que Rodolfo le había regalado y aunque se vestía siempre elegantemente, su vestido favorito era el de novia.

Así viviría el resto de su vida hasta que falleciera aparentemente de causas naturales o como muchos decían “de tristeza”. Fue enterrada el panteón “El Tecuán” el cual se encontraba tras la iglesia de San Miguelito y el cual sería retirado para dar paso a la modernización de San Luis Potosí, convirtiéndose ahora en la escuela Manuel José Othón.

En los restos del desaparecido panteón un joyero del mercado de La Merced, habría encontrado el anillo de oro blanco con la acerina engarzada, el cual ofreció a la Virgen de la Soledad y la cual ahora porta en su mano izquierda.

No se sabe bien que sucedió con Rodolfo y si Claudia terminó sus últimos días sumida en la melancolía o en un mundo donde su amado Rodolfo siempre lo acompañó, lo que es cierto es que es una de las historias más tristes de las que se cuentan en San Luis Potosí.

LEYENDA DE LA BRUJA MARIA (BARRIO DE SAN MIGUELITO)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Está leyenda ocurrió en San Luis Potosí alrededor de 1735 la República de San Miguel se encontraba conformada por 53 familias gobernadas por el Sr.Juan Macario quien además de ser el Gobernador del Barrio de San Miguelito era el mayordomo de la cofradía de la Fabrica Matriarcal de la nueva iglesia.

Esto lo hacía responsable de la construcción de la Iglesia, así como terminar las cúpulas y todo lo relacionado con el edificio. También era hermano de mayordomo de la Cofradía de la Santisima Trinidad, responsable de administrar todos los bienes dela Iglesia, así como responsable de cuidar el culto.

Don Juan Macario en su papel de cacique, era responsable de mantener el orden en la comunidad, gozando de todos los privilegios que esto significaba pues su honorabilidad era incuestionable. Los frailes de la Iglesia eran contentos con su trabajo, pues constantemente incrementaba las riquezas del templo.

Sin embargo en este lugar no solo reinaba la luz de Dios, al poniente de la Iglesia a unos metros de la Iglesia existía un pequeño camino que actualmente lleva el nombre de Miguel Barragán, era apenas una calle pues no tenía salida y topaba con matorrales y terrenos, ya que la calle de Fernando Rosas aún no existía. En ese lugar apenas había un par de casas y en una de ellas se acomodó una señora de nombre Mariana o así decía ella que se llamaba. Por su costumbre y acciones no era bien vista por la sociedad, pues había sido expulsada de los pueblos de San Sebastian, Tlaxcala y Tequisquiapan.

Esta mujer de acuerdo a escritos antiguos y pláticas de la gente era morena, aparentemente de 40 años, de pelo largo, oscuro y rizado, estatura media. Dicen que sus ojos eran cautivadores, pues decían que quien se atrevía a mirarlos quedaba cautivado, pues en lo profundo de su mirada se apreciaba un mar de pozos oscuros y sin fondo.

Una vez instalada en el callejón de la Zanja, solo utilizaba sencillo utensilios, pues todo lo demás que necesitaba sabía encontrar o fabricarlo de buena manera. Un petate y unas cobijas eran su cama, unas tablas a manera de mesa, unas velas un fogón y unas cazuelas era todo lo que ocupaba.

A pesar de los oscuro y alejado del callejón, Mariana no tarde en hacerse de clientes que la visitaban por sus trabajos, pues ella sabía realizar bebidas curativas o en otros casos aquellos que hacen enfermar a la gente.

Dichas acciones llegaron a oídos de Fray Joaquín, quien sintió la obligación de denunciarla con las autoridades para hacerle un juicio sumario o al menos llevarla a la casa de La Maltos( de la Santa Inquisición) , pero finalmente decidió no hacer nada pues pensó que aquellas visitas que se realizaban al callejón incluso de noche, traerían mucho beneficio a la Parroquia.

Juan Macario se enteró de esos chismes, quien tuvo que intervenir en esa situación y pues su puesto de gobernador estaba en juego, además de ser una persona muy valorada por todos incluso por los indios. Él decidió encaminarse a la casa de ese callejón en compañía de dos ayudante y al entrar a la morada encontró extraño muñecos de trapo atravesados con espinas, plumas amarradas, polvos, pastas y unciones.

Con todas esas pruebas a la vista, Macario tomo del brazo a Mariana y la llevó a la improvisada cárcel para mujeres. En el lapso entre la casa y la cárcel, Marian entablo palabras y cruzo miradas con Macario, pero nadie supo de que hablaron. Una vez en la cárcel se le preparaba para días después acusarla de brujería e idolatría, por lo que podría ser sentenciada a muerte o al menos a vivir encadenada de por vida.

Ella solicitó hablar urgentemente con Macario, pues alegaba que se trataba de temas de suma importancia que le competía a él. Al principio Macario se resistía a acudir al llamado, pero después de tanto meditarlo aceptó y cruzó todo el pueblo para visitarla en la cárcel. Nuevamente nadie supo de que hablarían, pero tras aquella platica Macario decidió dejarla libre. Al pasar los días el comportamiento de Macario había cambiado mucho, abandonaba sus deberes como gobernador y comenzó a recaudar recursos únicamente para él.

Dicen que Mariana fue instruida por su abuela, una antigua shamana quien había vivido más de 100 años.

La esposa de Macario fue a quejarse con Fray Joaquín, debido a que éste se comprobaba de forma muy extraña e incluso se había alejado de ella misma y se fue a vivir a con Mariana. Fray Joaquín decidió ir a la casa pero solo encontró a Macario maldiciéndolo y agrediéndolo por lo que decidió irse.

La gente se enteró de lo ocurrido y acudieron a la iglesia para verificar las cuentas de ésta y encontraron todos los robos cometidos por Macario así que enfurecidos acudieron al hogar de Mariana, comenzando a lanzar piedras contra la casa pero nadie abría, entonces entre varios levantaron una gran loza y estaban a punto de lanzarla contra la puerta para derribarla pero al final un templo hizo que todos cayeran. De la puerta salió un caballo percherón negro con ojos rojos como el infierno y con un respirar horrible, todos gritaron del susto y de un momento a otro el caballo galapo abriéndose paso entre la gente lastimándolos a todos.

La gente acudió con Fray Joaquín para decirle sobre lo acontecido y buscar justicia con las autoridades, éste se preocupó por Macario y decidió ir a la morada, pero todo estaba en silencio. Al final del hogar encontró a Macario tirado y con muchos golpes a punto de morir y gratando que veía un horrible caballo. Fray Joaquín sabía que no podía hacer nada por él y pidió por la salvación de su alma hasta que murió. A pesar de sus crímenes fue enterrado en el cementerio de la iglesia que queda  atrás del templo. De la bruja Mariana no se supo más, pero dicen que su poder era tanto que ni la Maltos quiso intervenir. Al callejón donde vivió se le conoció como el Callejón del Diablo por mucho tiempo hasta en 1915 cuando se cambió al nombre de Fernando Zamarripa Heroico Sacerdote de Soledad de los Ranchos.

Dicen que en algunas noches se puede escuchar en el tramo de Fernando Rosas y Miguel Barragán un galopar de caballo que relincha como si se tratará del diablo.

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